¿Estás viendo la Luna?
Yo si. Estoy en San Miguel de Allende, viendo una luna espectacular.
En el texto anterior me quedé con una idea en la cabeza, terminé hablando de la Luna, cuando hablar de ella tenía que terminar, por fuerza, en dedicarle unas palabras.
Gracias a un amigo, tengo esa esfera brillante en el cielo metida en la cabeza. Así que ahora me encuentro sentado en el borde de la ventana de mi habitación, escribiendo en mi computadora en lugar de mi libreta y admirando la belleza de una luna que abruma.
¿Por qué una pelota blanca y brillante que flota en el cielo nos pone tan melancólicos y nostálgicos?
¿Será la imagen que pinta y la interpretación que le damos? Es un foco de luz constante, siempre vigilante al caer la penumbra de la noche. A veces siento que es la luz de noche para los grandes, como esos focos que se ponen en las habitaciones de los niños pequeños cuando empiezan a dormir solos. En este caso, la Luna es ese foco. Sin importar la edad que tengamos o qué tan maduros seamos, por dentro, aún nos da miedo dormir solos en la obscuridad de la noche. Por eso, nos sentamos a mirar la Luna, a pensar en nosotros mismos o en ese alguien que no está cerca pero que seguro también está viendo la misma.
Nos ve, nos cuida. Está ahí, fuera de la ventana, esperando a que la veamos, como un amante no correspondido. Nos ha visto reír, bailar, abrazar y hablar. Nos ha visto llorar con el corazón roto y nos ha visto en la ilusión de un nuevo amor. Vela por nuestros sueños mientras dormimos y a veces nos quita el sueño. Unos días se acerca más de lo normal y otros días se aleja. Se disfraza en el cielo para no dar la misma cara todos los días. En ocasiones se ve a medias, como queriendo ser la mitad que nos hace falta. Otras veces parece una cuna, invitando a recibirnos cuando más la necesitamos. Pero unas cuantas y contadas veces, toma confianza, se acerca como nunca y brilla completa. Nos abruma con su esplendor y nos remueve toda clase de sentimientos en nuestros corazones, algunos más solitarios que otros.
No me canso de verla aquí sentado en la ventana, asumiendo lo que siento y disfrutando sentirlo. Me siento vivo y me siento humano.Tantos versos y tantas canciones dedicadas a esta fuente de luz brillante. Hoy sólo tengo mis palabras para regalarte, son tuyas hoy, mañana y siempre.
Todos somos hijos de la Luna, de una forma u otra. Tal vez nos conocemos y tal vez no, tal vez estemos cerca y tal vez no. Pero esto es seguro, en algún momento hemos visto la Luna al mismo tiempo.


