Ayer por la mañana, al levantarme de la cama, noté esa sensación que alguna vez hemos tenido todos, cuando simplemente sientes que algo no está bien o no hace clic. No le haces mucho caso, pero en el transcurso del día se hace presente en varias ocasiones. Te sientes fuera de lugar, incómodo, como pez fuera del agua o león enjaulado. De cualquier manera seguí con los pendientes del día, intentando sentirme los más productivo posible y lo logré.
De regreso en casa y entrada noche, después de cenar con una gran amiga, se me ocurrió revisar las entradas anteriores de este blog en busca de un poco de inspiración. Quería escribir algo pero no tenía una idea clara sobre qué hacerlo. A los cinco minutos de búsqueda, “me cayó el veinte”. Desde noviembre hasta hoy, mis entradas han sido sobre el desamor, el miedo al cambio y el crecimiento. En general sentimientos de nostalgia, dolor y tal vez una dramática amargura “autoinflingida”.
Los hechos son los siguientes:
1) El año pasado me fui seis meses de México en busca de algo. Algo que diera dirección a mi vida cuando me sentía perdido.
2) La relación más fuerte que he tenido hasta hoy, acabó, aún la extraño y no la olvido, pero no funcionó.
3) Estoy lleno de proyectos y visiones que me alegran todo el día y me dan un propósito para levantarme cada mañana.
4) Cuando me veo al espejo, ya sea al despertar o al irme a la cama, veo a alguien que con el tiempo me agrada más y más.
5) Si, está terminando una de las mejores épocas de mi vida y la voy a disfrutar como nunca.
6) Me siento entre el borde de un precipicio y un camino opaco. Por un lado está lo desconocido, la aventura y la confianza. Por el otro, se encuentra un camino establecido, sé a dónde lleva y cómo puede ser. He decidido dar un salto al vacío y disfrutar cada momento, construir lo que quiero y cumplir mis sueños.
Este es el inicio de un nuevo viaje, uno que ha sido abierto por el que acaba de terminar, mi Madrid, te llevo en mis recuerdos.


