Llegó por sorpresa, sin agenda, llegó como una inundación de alegría. Tanto lo necesitaba y tan poco lo esperaba.
Jamás imaginé que algo así llegara envuelto en un chiquillo. El enano, mequetrefe, zoquete o demonio, como me refiero a él, se mantendrá en anonimato pues no lo quiero compartir con alguien más.
Lo había visto dos o tres veces en comidas vecinales y cuando daba vueltas en el patio común, siempre con una sonrisa, siempre jugando. Nunca le di mucha importancia, a pesar de mi debilidad por los niños. Un chamaco muy educado e introvertido, supongo que me recordaba a mi mismo de pequeño y por eso nunca traté de acercarme a él. El sábado todo cambió.
Recuerdo que cuando yo tenía la edad de este mequetrefe, pasaba días enteros en casa de mi vecino, con quien casualmente me acabo de reencontrar. Recién casado y en espera de su primera hija. Imagino que era la misma diferencia de edades, pero recuerdo lo mucho que aprendí de él, además del magro-mega-ultra-súper crush nuclear que tenía con su hermana, también más grande. Horas y horas pegados al nintendo, mi pasión por los videojuegos comenzó ahí, en esa casa de ladrillos de San Jerónimo. Recuerdo también una dura separación cuando se mudaron de la casa, pasaron más de diez años en lo que recuperamos la comunicación. Un gran amigo y en muchas cosas un maestro, me enseñó a patinar, a jugar, a andar en bici, en fin… a ser niño.
Tal vez fueron las barreras que puse para no necesitar, para no sentir soledad. Mi necesidad por no necesitar o mi miedo por hacerlo. Levanté las barreras correspondientes de manera que no volviera esa sensación. En algún momento olvidé que estaban ahí, y simplemente ahí se coló el enano.
Tengo un hermano menor, dos años menor para ser exacto, siempre fue su propio hombre por así decirlo. Si, tengo muchos recuerdos maravillosos de él, pero siempre ha sido muy independiente, con su propia brújula y una determinación envidiable. En realidad me arrepiento un poco de no haber podido ser el hermano mayor de las películas que siempre he querido ser para él. Alguien en algún lugar me mandó otra oportunidad.
El sábado por la tarde tocó a la puerta, queriendo jugar, no pude decir que no y así empezó una aventura que me ha hecho sentir como niño otra vez. Algo muy extraño viniendo de un chamaco universitario, cuya carrera pareciera ser la de un niñote.
Me desarmó completamente su frescura, su mirada ante la vida, como si nada importara más que divertirse. Ahí, sentados frente a la televisión jugando videojuegos todo desapareció. Las angustias, las presiones, las preocupaciones simplemente se desvanecieron en el aire. Pasé unas horas jugando Madden NFL 09, FIFA Street 2 y varios títulos más, perdí en todo, y brutalmente. Pero me reí como nunca, gané algo muy inesperado, la oportunidad de ser lo que me negué ser hace muchos años… ser niño.
Al principio pensé arrogante y egoístamente, “Tengo chance de hacer mella en este chamaco, igual puedo ser una buena influencia en él.” No pensé que fuera a ser lo contrario, que yo fuera el que necesitaba salvación de si mismo, de los dilemas existanciales y demás chaquetas mentales. Este niño, llegó y empezó a cambiarme la vida en 48 horas. Me ha recordado lo que a mis 23 años olvidé, ser niño, a disfrutar por disfrutar, a amar la vida por el simple hecho de estar vivo.
Un pequeño demonio me ha venido a enseñar la razón de vivir, la que buscaba ciegamente y necesitaba urgentemente. No es el dinero, no es el éxito, no es el status, no es el coche, la casa, el reloj, o los trofeos… son los momentos que te quitan el aliento y se quedan grabados eternamente en el corazón de una, dos o cien personas.
La vida tiene sorpresas en cada esquina, depende de ti si quieres darles la espalda o tomarlas como vienen, disfrutarlas y guardarlas en la perpetuidad del recuerdo.
Para el enano, porque me enseñaste un nuevo sol y me abriste los ojos para verlo. Gracias. Te ganaste mi corazón sin esfuerzo alguno. You have the whole world… in your hands you have the whole wide world… And me, you have me wrapped around that little pinky finger of yours.
“Suéltate, la vida no se da por decreto, se percibe por accidente, cuando aflojas el cuerpo… lo demás, son chaquetas mentales.”

