Algo pasó anteayer que hizo que todo lo demás que ha pasado en la última semana perdiera color.
Estoy encantado con mi trabajo que, aunque no paga mucho, es el principio que siempre quise y uno de mis grandes sueños, tengo pocos ahorros pero los tengo. Mi hermoso coche, mi libertad y todos lo juguetitos que me hacen mi día, están en su lugar. He aprendido poco a poco a disfrutar la vida y sus pequeños detalles, sin sufrir demasiado por el amor o desamor que me aqueja, tomar las cosas con calma y tiempo. Pero…
Una vez más se hizo presente esa sensación de duda y de impotencia ante la vida, de desamparo y desolación ante un amor que no se define. Pequé de soberbio, de querer ser quien no soy y de querer dilatar lo que en un principio debí dejar claro, por mi serenidad mental o por mi salud emocional, o quizás por el intento de salvar lo que queda. Pero se siente tan bien todo lo que hace mal, la fantasía es mágica mientras que la realidad es… bueno, realidad.
Estoy cansado de juegos, de darles pie y/o jugarlos. No puedo más con esto por que se me parte el alma cada vez que la realidad llega. Mi corazón está ya muy golpeado y hay cicatrices que se siguen abriendo, o quizás me las abro yo mismo. Los tropiezos duelen y más cuando después de levantarte regresas a tropezarte de nuevo.
Las preguntas regresan a mi cabeza y me cuesta desecharlas: ¿Soy tan terriblemente egoísta, incongruente, inmaduro, hipócrita y víctimista como me lo dijo? ¿Quién tiene la razón en estas cosas?
Anteayer, de nuevo, parece que todo perdió sentido, que de alguna manera regresé al punto al que había jurado no regresar y sin darme cuenta.
Leo sus palabras y contradicen su voz, no encuentro una verdad y mi cabeza no hace más que dudar. Debí poner las cartas en la mesa lo más claro posible y tomar una decisión con firmeza, en cambio decidí dar rienda suelta a mi cabeza y su fantasía y claro, todo salió mal.
No puedo creer que haya dejado que todo se saliera tanto de control, perder lo que ya había ganado de mi mismo en el proceso. En cierto momento me empecé a convertir en aquella persona que siempre desprecié. Cuando me di cuenta hice lo que siempre hago, busqué tranquilidad y silencio, para pensar. Porque cuando nada parece tener sentido, es importante parar, pensar, analizar y después actuar, pero nunca congelarse y esta vez me congelé.
Una vez más admito que te extraño, que lo que siento por ti no ha desaparecido, quisiera esperar que un día te des cuenta, que lo veas con mis ojos y podamos encontrarnos en el medio. Empezar otra vez y ver a dónde nos lleva el camino. Me he equivocado mucho, lo reconozco, pero me seguiré equivocando mientras sea humano. Pero nunca dejaré de querer reconocerlo y arreglarlo.
Por primera vez se lo que quiero en la vida, me se y me conozco mejor que nunca, soy más fuerte de lo que alguna vez fui y por fin me doy cuenta yo mismo. Sé hacia donde quiero ir y cómo llegar . Aunque no sepa lo que me depara el futuro tengo fé en mi, en lo que me ha ensañado la vida y lo que me ha enseñado el camino. Estoy cansado de llorar y lamentarme, de querer forzar y querer imaginar. Quiero algo que sea real y que esté ahí.
De alguna manera todo lo que sucedió hizo que muchas cosas que traía en la cabeza cayeran en su lugar. Una cachetada guajolotera de esas que te ponen en perspectiva. No me importa estar sólo pero quiero compartir mi historia con alguien que me regrese lo mismo, alguien que me pueda dar lo que a mi me exige.
Cuando nada parece tener sentido solo queda la certeza de uno mismo. La firmeza de tus pasos en un camino incierto.


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