
Marrakech, 13 de diciembre de 2009, Día 134
- Un día nuevo en Marrakech, Marruecos. El sol brilla con una intensidad que aviva los colores que parecen aburridos en un día nublado. No he visto nada que se parezca a este lugar. Si, he viajado durante toda mi vida, pero este tipo de viaje es algo diferente. Salir de la comodidad que brindan los mejores servicios hoteleros, sobrevivir con una cantidad muy ajustada de dinero por cuatro días en la ciudad más caótica que he visto en mi vida. Una cultura y lenguaje totalmente ajenos a mi. Sin alguien conocido en muchos, muchos kilómetros a la redonda. Así es como uno descubre de qué madera está hecho.
Ruinas por todos lados, miseria en cada esquina, laberintos de callejones y palacios que resaltan como toro en cristalería. Rich mi nuevo travel-buddy, a quien conocí el viernes por la mañana en el hostal, tiene unas historias de locura en su libreta de viajes, ha sido muy interesante hablar con él sobre su perspectiva de la vida y su experiencia viajera. Hoy se nos unió Bert de Bélgica quien desayunaba en el hostal y al conversar tomando té decidió unirse al recorrido por el Souk y los jardines de Marrakech.
Hemos recorrido el Souk toda la tarde buscando guantes, aventuras dentro del laberinto y hablando con quien se nos atravesaba en el camino. Terminamos después de varias horas en la plaza Jemaa El Fna y es impresionante ver el tamaño de la plaza, los carritos atascados de naranjas donde hacen el jugo al instante y, por supuesto, las decenas de encantadores de serpientes. Entre cobras, mambas negras y otras especies de serpientes se convierte en un show irresistible de fotografiar. El problema es que algunas personas dentro de la cultura musulmana, piensan que al tomarles una foto, les robas el alma, respetable y otros de plano no se dejan sin cobrarte una lana.
Es increíble ver a las mujeres caminando por la calle tapadas con las burkas, es decir, sabes que existe y el porqué de esconder sus rostros, pero no es hasta que lo ves caminando por la calle e interactuando contigo que realmente ves lo impactante del asunto. Una sociedad profundamente machista, diferente al machista mexicano, pero al final, machista. Aún así la gente de las afueras se emociona cuando ve a extranjeros, si, los marroquíes tienen fama de embusteros y comerciantes de mala leche, pero en general la gente que no suele comerciar es super amable y generosa así que ser amable con los extraños no puede ser tan difícil como a veces parece.
Algo que me vino a la mente fue que tal vez esta ciudad se parece un poco al clásico lugar en las películas al que huye el héroe atormentado por un pasado trágico y decide ayudar o simplemente pensar.
Nunca me ha atraído la meditación pero en este lugar es inevitable querer pasar un rato pensando en los bellos jardines o sentarse frente a una fantástica puesta de sol, como salida de las mil y una noches, a tomar el té, reflexionar sobre la vida y simplemente estar en el ahora.
Conocimos gran parte de la ciudad y los mercados de especies; para volverse loco con los olores, es como descubrir el mundo con la nariz por primera vez. Completamos el día tomando té y platicando en la mesa del hostal, contando historias y viajes. Para terminar la noche regresamos a la plaza Jemaa El Fna para cenar en los puestos de comida que se ponen por la noche. De verdad es abrirse a otro mundo de comida, los caracoles, las cabezas de cabra, y demás platillos que normalmente verías en una película de terror o de Indiana Jones. Experimentar y abrirse al mundo.
Es de noche y toca la hora de descansar para emprender otro viaje. Mis pensamientos e imaginación me acompañan por la noche, en mis sueños. -
Gracias a mis nuevos conocidos, Richard (Australia) y Bert (Bélgica) por unirse a mi aventura, por las largas pláticas, el callejoneo, regateo y los momentos divertidos que hicieron de Marrakech una experiencia única. A Ana y Carlota, gracias por la plática y las anécdotas. Gracias a Aziz, Rashida y todos en el Riad Massin por una gran y divertida estancia.




