Existen muchas maneras de interpretar la palabra “crecer”. La Real Academia Española la define como el aumento natural o añadido de la materia. A un nivel más abstracto, se define en una persona como la obtención de mayor autoridad, importancia o atrevimiento.
Crecer va más allá de lo que se puede definir en palabras. A todos no han dicho alguna vez, “¿¡Porque no maduras de una vez!?”, “Necesitas crecer.”, “Ve, encuéntrate, descúbrete.” y siempre nos duele pensar que no somos suficientes a los ojos de otra persona. Claro, hay a quienes les importa menos y a quienes les importa más, pero siempre hay un momento en el que pega, y cuando lo hace es como un martillo a la cabeza.
Hay ciertos momentos en los que sentimos que no vamos hacia ninguna parte, que no tenemos paredes, piso o techo y que además tenemos vendados los ojos. Esa incertidumbre que sentimos es el temor al cambio, es el saber que lo que hoy es mañana puede no ser más.
Los grandes momentos de catársis en la vida llevan consigo una cierta cantidad de dolor, un dolor de saber que lo que tenemos y queremos ya no es suficiente, que queremos o necesitamos un cambio. Ser fuerte, encontrar las distracciones y los pequeños detalles de la vida es lo que nos ayuda a través de esos momentos.
Un día te das cuenta de que estás terminando la universidad, que estás totalmente fuera de tu esquema y que parece que nada de lo que haces te sale bien. Pero has encontrado poco a poco y situación a situación que no eres tan pequeño como pensabas, que si hay un mundo más allá de lo que conocías y que puedes con las cosas que antes te asustaban.
Toda la vida está llena de incertidumbre y de momentos que no sabemos qué hacer, pero siempre podemos estar seguros de nosotros y lo que podemos hacer. Porque en ese crecer está el encontrarse, encontrar los horizontes y características que nos hacen ser nosotros, cómo enfrentamos, vemos y vivimos la vida.
Todo cambia y todo permanece, lo importante es saber qué es lo que queremos cambiar y qué es o que queremos conservar.
Si estás leyendo y no te has hartado todavía es porque sabes lo que se siente. Sabes lo que es tenerle miedo a la vida y al cambio, tener miedo a conectar con alguien que te pueda importar porque sabes que al final del día estás sólo. Que la gente que te importa se va a ir, que te van a dejar y les dejará de importar, que un día tu nombre es todo para una persona, el día siguiente eres sólo un recuerdo y al pasar los días los recuerdos se olvidan. El futuro es algo que te da miedo y a pesar de que sabes que tienes todo para comerte el mundo, esa pequeña posibilidad de equivocarse y fallar en el camino te paraliza. Prefieres estar en ese rincón que conoces y sabes que es seguro. Te apanica enfrentarte al mundo y dejar que éste te descubra por temor a que no le gustes.
Por todo esto, ve, conoce otro mundo y deja que te conozca al mismo tiempo, conoce gente y conecta con ellos, deja que te rompan el corazón y vuelve a intentarlo. Equivócate mil veces y descubre otros caminos. A Thomas Alva Edison, después de inventar el foco incandescente, le preguntaron cuantas veces había fallado en el intento, y el dijo: “No fallé, simplemente encontré 2000 formas diferentes de cómo NO hacer un foco incandescente”. Lo que va a pasar es que vas a aprender y vas a encontrar los miles de caminos que la vida te pondrá enfrente, pero tú y sólo tú tienes la fuerza para caminar ese camino pues… “Caminante, no hay camino. El camino se hace al andar.”
Deja que la vida te ocurra y disfruta cada momento, olor, sensación y palabra. Haz tu camino y recórrelo con la frente en alto. Firme, siempre adelante, ni un paso atrás. Tú tienes el control de tu vida y de tus acciones.
Llevo cuatro meses fuera de casa y lejos de la gente que quiero, estar sólo me ha enseñado a buscar lo que quiero y dejar lo que no quiero. He llorado, he reído, he visto y he conocido. Siempre hace falta algo y el condimento de la vida está en el viaje, la búsqueda de ese “algo” que hace falta.
“No se puede vivir con rencor en el corazón” -EFR-


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