Mi abuelo fue alguien muy importante en mi vida, probablemente la brújula moral, profesional y personal que me ha guiado hasta el día de hoy.
Falleció hace poco más de ocho meses y aún le echo de menos. Cuando la situación parece no tener salida o que las paredes se mueven hacía mi, aún buscó y pienso su sabio consejo. Su nombre fue importante en muchos círculos de diferentes tipos, pero siempre llenos de gente que le admiraba y le quería.
La vida me regaló durante 23 años un abuelo maravilloso, admirable, sabio, apapachador y en todo sentido extraordinario. Así le recuerdo yo, simplemente mi “Yayo”. Cada vida que tocó, por breve que fuera, es una vida que cambió. Siempre me recibió a mi y a la gente que me rodeaba con los brazos abiertos y siempre con cariño.
Ser el hijo o nieto de un personaje importante que ha logrado cosas fantásticas en su vida nunca va a ser algo fácil. El superyo implicado en la mayoría de los casos puede hacer que crezcas muy acomplejado de tus méritos y logros. Siempre pensé que nunca llegaría a lo que la gente en general esperaba de mi, eso me ha atormentado durante mucho tiempo. ¿Qué es lo que la gente espera de ti? y ¿Cómo demonios vas a complacerlos?
Sientes que tu apellido te define más que cualquier cosa en tu vida y eso te impide seguir soñando en grande. Querer hacer de tu vida un papalote, un papalote que tú diseñes y del cual tú lleves la rienda, a veces parece un sueño distante. En algunos momentos hubieras querido entrar en un período autodestructivo para negar todo lo que pasa a tu alrededor, sobre todo porque quieres sentir que aún tienes el control de tu vida y de tu destino, que cualquier cosas que hagas la haces tú.
Un día te das cuenta, como si de repente todo hiciera click en tu vida y los planetas se alinearan, que todo eso no importa, que las cadenas ligadas a tu apellido que tanto te pesan y disminuyen tu paso no existen. Siempre fueron una razón, una excusa para no intentar, que en algún momento decidiste creer para sentirte seguro, cuando debieron ser impulsores de tu ser y el combustible de tus sueños, de saber que puedes conseguir todo lo que te propongas. Al final lo único que te debe importar es alcanzar tus propias metas y llegar a tu propios estándares, así podrás irte a la cama todos los días sintiéndote orgulloso de ti mismo.
Perdí mucho tiempo pensando que la vida me llevaba la contraria, negando lo que soy y lo que podría ser, pero hoy me siento fuerte, más de lo que alguna vez hubiera pensado. Sé que no voy a volver a dejar que mis miedos me sigan paralizando y que sólo quiero alcanzar MIS metas, y cuando por fin puedo verme al espejo y disfrutar lo que veo se que todo va a estar bien. Tu vida no se define por tu apellido o por quién es tu familia, lo que te define es lo que haces con ese lienzo en blanco que es tu vida. Cada acción de cada día, tu construcción de tu día a día, eso es lo que te define.
Todos los días lucho contra mis propios límites y horizontes, lucho por dejar atrás esas cadenas imaginarias que nunca estuvieron ahí en realidad. Mi abuelo me ha seguido enseñando aún después de muerto y aprecio todos lo días que pasé con él como un tesoro personal. Aquellos momentos únicos en los que nos sentamos a platicar de la vida, de los sueños y de las capacidades de uno. Era difícil enfrentarte a un hombre que sobrevivió una guerra, pasó por campos de concentración, llegó a otro país con una mano delante y una detrás y aún así logró ser su propio estándar de excelencia, lograr todas sus metas y conquistar el mundo que él mismo creó. Decirle “no puedo” o “tengo miedo” nunca fue una opción que valiera, siempre te contaría una historia asombrosa, fantástica y te diría que mantuvieras el paso sin miedo “¡Firme, siempre adelante, ni un paso atrás!”
Ahora lo que me queda son los recuerdos y mi apellido. Con ese nombre siento la fuerza y la dirección que siempre he tenido.
No hay más cadenas, sólo yo y mis ganas de vivir, de conquistar el mundo



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