Estoy una vez más sentado en mi cama por la noche escribiendo porque nada más pareciera tener sentido. Lluvia, frío y un mar de nubes plateadas desde el amanecer hasta el atardecer han sido el paisaje de mi día. Escribo porque en mi mente siguen acosándome mis pensamientos.
Tu espacio vacío en la cama, tus tiernos ojos, tu risa y tu voz. No funcionó pero aún te extraño. Me duele cada vez que pienso, veo o siento algo familiar a ti, me duele tanto… Lo racional es que nos hicimos daño, que en algún momento perdimos el camino y nos perdimos a nosotros mismos. El terreno es incierto y frágil, me vuelve loco la distancia que pusimos en medio. La realidad es que te extraño y extraño todo de ti, no puedo vivir un una fantasía y aferrarme a una esperanza de amor, pero mi corazón aún se niega a dejarte ir. Extraño tus manos, tu aliento, tus palabras, tu cuerpo y tu alma.
El orgullo salió por la ventana cuando admití que seguía enamorado de quien ya no está, de quien durante dos años fue mi mundo para bien y para mal, en las buenas y las malas, aún cuando lo supe reconocer tarde.
¿Qué puedo hacer para que sea más sencillo? ¿Cómo puedo hacer para dejar de pensar en ti todo el tiempo? No lo sé. Es cierto que aún con el corazón destrozado se piensa en quien por el momento no está en el camino.
Me equivoqué tanto y en tantas cosas, pero nunca pequé de dejar de quererte, de admirarte.
Mis palabras son sólo eso, y todo lo que tengo, pero son para ti, para que hagas con ellas lo que quieras. Sentirlas, leerlas, pensarlas, olvidarlas… Lo siento pero aún te extraño.


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